El Cortijo de Falcon Crest. ABC de Sevilla 24 de Junio y cabecera pitada 7 de Junio.


Andalucía / ANDALUCÍA IMPARABLE

El cortijo de Falcon Crest

Creíamos que Falcon Crest era una serie ambientada en aquella California que fue por aquellos años 80 el espejo en el que se miraba Andalucía

FRANCISCO ROBLES Día 24/06/2011 – 21.09h

El cortijo de Falcon Crest

ABC

Íbamos a ser la California del sur de Europa antes de convertirnos en la Finlandia de la Bética chavesiana. Pues eso, que hasta ahora pensábamos que Falcon Crest era una serie situada en el Valle de Tuscany, algo así como el reverso de la cima de Toscano, el alcalde de Dos Hermanas que se ha convertido tras el 22 de mayo en la primera autoridad municipal socialista en esta Andalucía tomada por el vuelo de las gaviotas.

Ahora, al cabo de los años, hemos comprendido que Falcon Crest es el gran cortijo de la Andalucía que aún dominan los nuevos señoritos y las nuevas señoritas. La paridad ha entrado con paso firme en los modos y maneras de este neocaciquismo: ya no se gastan el dinero de la familia en establecer una red clientelar para asegurarse el voto, ahora invierten el parné de todos en ese menester.

Entre esos nuevos señoritos hay que incluir a Rosa Aguilar, ministra de Medio Ambiente, Medio Rural y Medio Marino que rima con la crisis del pepino que ha tenido que comerse entera y plena para no molestar a quien manda verdaderamente aquí, que no es Zapatero sino Merkel. ¿Será por nombres? Ministra de tres medios, o sea, de uno y medio. Ni Jardiel Poncela lo hubiera hecho más absurdo. Rosa Aguilar es, además de una conversa al socialismo sin carné, la nueva ministra del Aire que compite con Carme Chacón en piruetas progres.

En plena tormenta de la crisis que está a punto de reventar la economía con su devastador aparato eléctrico, la ministra de los tres medios se ha sacrificado por Andalucía, España y la humanidad. En vez de coger un vuelo regular para ir de La Coruña a Sevilla con el fin de pasar sus merecidos días de asueto, se ha sometido al rigor militar del Falcon que le impide disfrutar de los gozos del embarque: ni arco detector de metales; ni la bandejita con el cinturón, el móvil y las monedas; ni las esperas en las salas donde uno puede entregarse a los pequeños placeres de la pereza.

La ministra cogió el Falcon al vuelo y cuando se bajó no se molestó en hacer la pregunta de rigor. «¿Cuánto se debe aquí?» Gratis et amore. Así se desplazó para sus actividades privadas, en plan Rubalcaba. Como si esto fuera el cortijo de unos cuantos y unas cuantas que no miran las cuentas del Estado porque no van con ellos ni con ellas. Como si España fuera Falcon Crest y Andalucía el valle de Toscano donde aún sobrevive Griñán entre la mala uva de sus enemigos, vulgo compañeros de partido. Como si la crisis no afectara a la casta política que nos ha llevado a la ruina.

Que Rosa Aguilar era un bluf sólo comparable a Mar Moreno ya lo sabíamos. Ahora conocemos su grado de compromiso con el dinero público. Es posible que argumente lo mismo que dejó, como una perla digna de ser expuesta en un museo, la que fuera ministra de Cultura. Ya lo grabó Carmen Calvo en el mármol de Macael o de Carrara: el dinero público no es de nadie. Por eso hacen con esa pasta lo que les viene en gana. Por eso piensan, como la ministra del Medio Ambiente, del Medio Rural y del Medio Marino, que la política es precisamente eso: un medio de vida, un medio para ganarse el sueldo, un medio que cotiza muchos enteros en la bolsa que nunca sufre los rigores de la crisis: la clase política que viaja en clase bussines o que directamente se pide un avión privado que pagamos a escote. Ejemplar, querido Watson.

Creíamos que Falcon Crest era un viñedo californiano y resulta que es el cortijo andaluz de donde salen los nuevos señoritos y las nuevas señoritas que llegan a Madrid creyendo que esto es suyo. Es la Segunda Modernización rural, marina y aérea: en vez de para un taxi echan a volar un Falcon. Cetrería política, que también se llama.

Tres avisos

Búsqueda. Andan buscando al individuo que se ha creído, de verdad de la buena, el argumentario del Régimen: la Junta colabora con la Justicia en el escándalo de los ERE desde el primer minuto. Si saben algo sobre el paradero de semejante crédulo, llamen corriendo a San Telmo. Se gratificará.

Otra búsqueda. Hay otro individuo en paradero —que viene de paro, o sea, desempleo— desconocido y que conoce la clave del secreto mejor guardado de la política española. Su testimonio será fundamental para resolver esa duda: ¿para qué sirven las diputaciones?

No busquen. Es inútil que busquen a los parlamentarios andaluces durante el mes de julio en las Cinco Llagas. El PSOE se niega a suspender las vacaciones de dos meses que disfrutan desde tiempo inmemorial. La medida es razonable: para lo que sirve el Parlamento, al menos ahorraremos en aire acondicionado.

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