“Hay que tomar las decisiones en positivo y cambiar el rumbo de la Historia”. El día de Córdoba. 17 de Febrero.


El Día de Córdoba

“Hay que tomar las decisiones en positivo y cambiar el rumbo de la Historia”

De manejar un ordenador de segunda mano y prestar su servicio en el turno de oficio, Mariano Aguayo ha pasado a liderar un bufete con 20 profesionales en Madrid y Córdoba

Ángel Robles | Actualizado 17.02.2013 – 07:59

AFICIONADO al arte contemporáneo y a la caza, fundador del Colegio Británico y profesor del departamento de Derecho Mercantil de la Universidad de Córdoba, Mariano Aguayo da nombre a uno de los bufetes de abogados más prestigiosos de la ciudad, con un equipo de una veintena de letrados, la mayoría jóvenes, entre Madrid y Córdoba. Muy presente en las redes sociales, Aguayo ejemplifica la imagen de un profesional de las leyes pegado a la actualidad e interesado en temas de ciudad como la Capitalidad Cultural. “El abogado que no está presente en su sociedad no es abogado”, resume.

-¿Cómo llega al mundo de la Abogacía?

-En este despacho somos primera generación. Mi padre es artista, pintor, escritor… Yo me inicié en los años 90 como emprendedor. Nos metimos en el sector de las estaciones de servicio y durante 15 años fuimos el despacho de referencia en España, trabajando en exclusiva. Al principio fui presidente de Abogados Jóvenes y tengo muy buenos recuerdos de aquellos primeros momentos. Poco a poco, hemos crecido.

-¿Se puede ser abogado sin tener una vocación para su profesión?

-No. Y, como afirman los americanos, hay que tener varias habilidades, como un conocimiento en profundidad del Derecho, capacidad de comunicación con el entorno, la facilidad para la creación en cuanto a lo que se tiene entre manos y capacidad de resistencia al esfuerzo. En este despacho, además, damos mucha importancia a la empatía interna y a la relación con el cliente y, en última instancia, con la sociedad. Hay que ser especialmente sensible.

-¿Qué ha cambiado en la abogacía desde que empezó su carrera en los años 90?

-A nivel de grandes asuntos, ya no se concibe el abogado individual. Entiendo que los asuntos son de tal complejidad que requieren de equipos integrados de distintos profesionales para que cada uno aporte su granito de arena. Hay que atender los asuntos de manera global. En este despacho lo hemos llevado a rajatabla.

-¿Cuál es el futuro de los jóvenes que empiezan ahora?

-La abogacía, como un operador más de la sociedad, es sensible a la situación de dificultad que atravesamos. Pero nos encontramos en una liga en la que aún podemos jugar. Tenemos clientes que sí tienen dificultades para jugar en sus respectivas ligas. No son buenos tiempos para nadie, en contra de lo que se dice, pero cada vez hay más empresarios conscientes de que necesitan el asesoramiento de profesionales.

-¿La crisis ha agudizado la necesidad de abogados expertos en Derecho Mercantil?

-Lo que se requiere cada vez más es un abogado especializado. El abogado generalista cada vez lo va a tener más complicado, porque no se puede saber mucho de todo.

-Su bufete llevó ante los tribunales la designación de San Sebastián como Capital Cultural de Europa en 2016. ¿Cómo surgió esta iniciativa?

-Fue una decisión de despacho, colegiada. El planteamiento fue tan sencillo como decidir que recurrimos una multa de tráfico de 200 euros porque tenemos un interés personal en ello. ¿Cómo no íbamos a recurrir la decisión más importante a la que se enfrentaba la ciudad en los últimos cien años si, además, todos entendíamos que no había sido justa la decisión del jurado?

-¿Se hizo política al designar a San Sebastián?

-La pregunta fue contestada por el propio jurado, que cuando compareció ante los medios afirmó que la decisión fue tomada en base a unos criterios absolutamente políticos. No es que lo diga yo o los ciudadanos, es que lo reconoció el jurado y se recogió con luz y taquígrafos. Incluso se llegaron a aportar pruebas al procedimiento que constatan que el jurado no fue imparcial.

-¿Qué habría supuesto que la Capitalidad viniera a Córdoba?

-Para empezar, fue una ilusión colectiva que no había conocido nunca. Realmente, nuestra iniciativa de recurrir la decisión irregular partió de que la ciudad se sintió defraudada por un jurado que tomó una decisión basándose en unos principios distintos a los que constaban en el concurso. La Capitalidad era un paso importante adelante en esa globalización del conocimiento de Córdoba.

-¿Confía en que la demanda tenga un resultado positivo para la ciudad?

-La decisión está en el Tribunal Supremo. Nos hemos dado cuenta de que el proceso se basaba en unas decisiones absolutamente subjetivas. Es muy complicado.

-¿Y ahora qué?, pensaron muchos después del batacazo.

-Hubiera venido bien, pero Córdoba es mucha Córdoba. No hemos pedido el barco; trenes pasan todos los días. Nuestro despacho es muy optimista en el futuro y pensamos que cada persona es el único responsable de su presente y de su futuro. Si los cordobeses se hacen responsables de su futuro, no vamos a tener ningún problema.

-Está muy en contacto con los jóvenes a través de las redes sociales y de la Universidad. ¿Hacen falta emprendedores en Córdoba?

-Hacen falta emprendedores en todas partes, aunque aquí tenemos muy buenos. En Madrid me preguntan si somos de Córdoba. Claro que sí. Empecé en el turno de oficio con una mesa que me costó 17.000 pesetas y con un ordenador de segunda mano. Lo importante es dónde quieres ir. En Córdoba existe ahora una iniciativa que se llama CoSfera con capital y talento privado 100%. Es un equipo que parte de abajo y ahora mismo se han convertido en el dinamizador cultural más fresco y moderno que tiene la ciudad.

-Hablando de trenes que pasan y de proyectos, a principios de semana el grupo inmobiliario Tremón, que acaba de salir de un concurso de acreedores, presentó un plan para invertir 141 millones de euros en la construcción de un complejo de ocio en El Arenal de la Fuensanta. ¿Cree que saldrá adelante?

-Lo que es increíble es que el mismo día en que se conoce la iniciativa, antes de conocer siquiera los detalles, estemos ya criticándolo. Es lamentable. No seamos cainitas, no nos lo carguemos antes… Lo he dicho siempre: no se puede achacar a Córdoba que algunos proyectos no salgan adelante. Las ciudades no tienen decisión, sino las personas, que lo enfocan de manera negativa cada vez que surge un nuevo proyecto. Lo que tenemos que hacer en Córdoba es tomar las decisiones en positivo y cambiar el rumbo de la Historia.

-Su despacho ha ganado numerosos pleitos contra la Junta de Andalucía por las contrataciones en las agencias públicas. ¿Existió aquí también un interés particular de su despacho, como en el caso de la Capitalidad?

-Esto fue diferente. Se trata de una iniciativa absolutamente particular de un grupo importante de empleados públicos que decidió que para defender la función pública debía de tener la iniciativa de demandar las decisiones del Gobierno de la Junta de Andalucía e impedir la integración de miles de personas que habían accedido a sociedades públicas, pero en régimen de derecho privado, sin las garantías de igualdad, mérito y capacidad. Hicieron una cuestación popular, algo parecido a lo que ahora se llama crowfonding, y pusieron 20 euros de su bolsillo para contratar a nuestro despacho. Quisieron hacer Justicia en favor de todos los andaluces, porque que la Administración actúe de manera legal debería ser el principal interés de todos los ciudadanos.

-¿Han tenido estas sentencias contra el enchufismo su justa repercusión?

-Repercusión sí han tenido, lo que es lamentable es que muchas de ellas aún no hayan sido acatadas por la Administración. Tampoco ha habido ninguna consecuencia política.

-Se habla del desapego cada vez mayor hacia la política y hacia la Justicia. ¿Lo entiende, usted que conoce muy bien el funcionamiento de ambas?

-Tanto en política como en Justicia hay excelentes profesionales. Estamos estigmatizando dos de las funciones fundamentales del Estado por la moda de decir que ni los políticos ni la Justicia valen para nada, pero me gustaría romper una lanza a favor de muchos políticos y jueces que hacen muy bien su trabajo. En España, en Córdoba, somos más partidarios de generalizar que de meter el hombro. Es más fácil criticar que ayudar, y creo que España necesita más de gente que ayude que de gente que critique. En esta casa está prohibido hablar del pasado. Me explico: queremos ayudar al futuro, que es nuestro. Si no, no podremos disfrutar de los 25 años que tenemos por delante. Ya está bien de hablar mal de todo.

-Los jueces han convocado una huelga para el miércoles y han invitado a los abogados a sumarse a sus movilizaciones. ¿Lo comparte?

-Ya he estado en otras ocasiones en la puerta de la Audiencia Provincial con nuestros amigos jueces y fiscales y con los compañeros abogados. Sus reivindicaciones son las nuestras porque necesitamos que la Justicia funcione mejor.

-¿Qué cree que necesita la Justicia?

-Hay que optimizar los medios.

-¿Algún cliente le ha pedido alguna vez explicaciones por la tardanza en resolver un pleito?

-Hay que separar lo que es la defensa de la política. Cuando se nos presenta un caso, analizamos todas las opciones, incluido si lo judicializamos o no. No somos especialmente partidarios de ir a los tribunales hasta que no hay más remedio.

-En cambio, en algunos ámbitos como la política los tribunales se utilizan habitualmente.

-Efectivamente, España está muy judicializada y eso no es bueno. Ir a los tribunales debe ser la excepción de una relación, no la norma.

-Estudió Derecho en la Universidad de Córdoba, donde es profesor, y además participó en la fundación del Colegio Británico. ¿Entiende el debate abierto entre educación pública, privada y concertada?

-Me siento muy orgulloso de haber estudiado en la Universidad de Córdoba y tengo excelentes relaciones con la facultad. De hecho, una de las actividades que más disfruto es acercar la práctica a los alumnos. Hay excelentes universidades públicas en España, pero también creo que se ha derrochado mucho dinero en algunas de ellas. No tiene sentido, por ejemplo, que haya facultades de Derecho con una ratio tan baja alumno-profesor, porque no estamos en un país rico. Cualquier universidad privada que surja no sólo es bienvenida, sino más, porque tendrá unos ratios de optimización incomparables.

-¿La educación pública debería de mirar, por tanto, a la manera de gestionar de la privada?

-La formación tiene que dar opciones. Entiendo que tanto la pública como la privada tiene que incorporar un sistema de becas para que quien sea brillante puede acceder sin límite a la formación. Lo que hay que hacer es que la excelencia no encuentre limitaciones económicas. A lo mejor lo que no tenemos es recursos para que todo el mundo sea subvencionado indefinidamente con independencia de su rendimiento.

-¿Cómo surgió la iniciativa del Colegio Británico?

-Éramos un grupo de padres que nos encontramos con que en Córdoba, en pleno siglo XX, se enseñaba muy mal idiomas. Somos conscientes de la necesidad que tenemos de desarrollarnos en un mundo global en el que se habla inglés. Pero no es sólo eso. En el Colegio Británico se aprende de una manera distinta, se le da mucha importancia a la participación, a la colectividad. Cada semana los alumnos interpretan en público mediante un sistema de asambleas los conocimientos de los últimos días. Así evitamos lo que yo viví, que compañeros de la carrera, al terminar, nunca habían hablado en público.

-Está presente en Facebook y en Twitter. ¿Los utiliza para ponerse al día?

-Soy una hormiguita a la que le gusta enterarse por dónde va el mundo. El conocimiento se mueve ahora por las redes y estando ahí tienes una penetración que no posees de otra forma. Suelo utilizar Twitter para comunicar cosas que, por nuestra posición, pueden resultar interesantes. Cada mañana edito un tuit bajo el hashtag#BOEcalentito en el que adelanto a los diferentes sectores normas que pueden afectarles. Es una experiencia muy enriquecedora.

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Una respuesta a “Hay que tomar las decisiones en positivo y cambiar el rumbo de la Historia”. El día de Córdoba. 17 de Febrero.

  1. El Devorador de Reptiles dijo:

    Sí, pero sin banderas republicanas. Eso sería volver a los orígenes del problema de España.

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